Arena.

La arena de playa. 
¡Qué jodido debe ser, ser arena de playa!


Pisada. Por perros, por caballos, por motos y por sombrillas. Pero sobretodo por humanos: niños, adolescentes, adultos y ancianos, todos plantando sus sucios pies, destrozándola y jugando con ella. Supongo que no piensan en que esa arena un día servirá para enterrarles. La venganza se sirve bien fría.

Mojada. El agua la alcanza y la empapa, la deshace y la vuelve a dejar en el sitio, como si nada hubiese pasado. Será perra. 

De todos modos eso de que el pequeño David venció al gran Goliat no es lo común, y no siempre los inocentes son los ganadores, y los valientes se rinden, y los héroes dejan de serlo cuando no tienen a nadie que los aplauda. 
Y la arena, a todo esto, con las vueltas que da la vida y las revoluciones y las Guerras Mundiales...
sigue pisoteada, mojada, y hundida.

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